Hace varios años, a mi padre le diagnosticaron un tipo poco frecuente de demencia. La progresión de la enfermedad había sido lenta hasta hace poco, cuando mi madre, su principal cuidadora, necesitó una operación y él tuvo que ingresar en una residencia durante cuatro semanas. Aunque no tengo ninguna queja de la buena voluntad del personal, la experiencia dejó a mi padre más confundido sobre quién era y sobre su relación con las personas que lo rodeaban. Por este motivo, en mi última visita, utilicé mi formación en Montessori para la demencia para crearle un libro de recuerdos.
¿Para qué sirve un libro de recuerdos?
Un libro de recuerdos está pensado para recordar a la persona que vive con demencia quién es y quiénes son las personas que la rodean. Esto, a su vez, busca reducir su ansiedad y disminuir la necesidad de que los cuidadores se repitan constantemente. Es otro ejemplo de cómo el ambiente Montessori aporta la información, para que la «persona que sabe» —quien lleva toda esa información en la cabeza— no tenga que hacerlo. Un libro de recuerdos también puede convertirse en una fuente de conversación y de conexión para cualquiera que visite o cuide a esa persona, lo que lo hace una herramienta estupenda para las transiciones, como el ingreso en una residencia o la llegada de un nuevo cuidador.
¿Qué conviene incluir en un libro de recuerdos?
Esto variará según la persona y la etapa o el tipo de demencia. Para algunas personas, los recuerdos del pasado, como los padres o los hermanos, pueden resultar tranquilizadores, ya que su memoria a largo plazo puede estar menos afectada. Para otras, cuando alguien ya no está en su vida, puede ser más fácil dejarlo fuera, para evitar preguntas o recordatorios dolorosos. Si una persona está a punto de ingresar en una residencia, incluir fotos de su casa anterior —o incluso de la nueva— a veces puede provocar tristeza o enfado, así que quizá sea mejor omitirlas. Las personas más importantes que hay que incluir son las que están presentes de forma habitual: normalmente amigos, familiares o cuidadores regulares.
Qué necesitáis
- Un cuaderno o una carpeta A4: yo elegí un cuaderno con páginas gruesas para que fuera más fácil pasarlas, pero si hay que actualizarlo con frecuencia, quizá prefiráis una carpeta.
- Una foto de cualquier persona o cosa importante.
- Una descripción breve de la persona o el objeto de la foto, escrita en primera persona.

Desde que mi padre tiene su libro de recuerdos, disfruta mirándolo. Le gustan especialmente las fotos de sus padres, de su casa y de sus nietas, así como las de amigos del pasado y, por supuesto, las suyas.